Hace ocho años fui uno de los peregrinos chilenos que viajó hasta la Tierra Santa Marista y que luego presenció la canonización del fundador de la obra Marista.
Nunca antes había escrito sobre esto. Debo reconocer que muchas veces tuve la intención, pero la verdad es que quedó en eso: una buena intención.
Ahora, ocho años más ¿maduro? y con la pluma mucho más suelta que antes, voy a relatar parte de mi historia en el Viejo Continente.
Corrían los primeros meses de 1999, cuando cursaba 4º medio en el
ISM. Recuerdo como si fuera ayer, que estaba en clases de Artes Plásticas cuando entró el inspector del ciclo y me dijo que el Rector quería hablar conmigo.
Me asusté, es que el Rector llevaba menos de un mes y yo ya estaba llamado a su oficina :)
Entre a su despacho con medio, pero algo no me cuadraba, hablamos de todo. Ahora pienso que me estaba analizando, evaluando. Casi al final de la conversación me dijo que todos los profes del colegio me había escogido como el representante curicano para ir a Roma a la Canonización de Marcelino.
No lo podía creer. Ahí estaba yo, escogido entre 1200 alumnos. Eso es mucha suerte o tener un muy buen pituto :)
De ahí en más todo fue extraño: trámites para todos lados, viajes a Santiago, reuniones, notarías, y shopping, es que no podía ir al Viejo Continente sin ropa nueva :p
Lo anecdótico de esta historia es que el día antes del viaje me esguinsé el tobillo derecho. Nadie puede tener tanta mala pata (literalmente)
Con el tobillo del porte de una pelota de tenis, más pichicateao' que nunca me subí al avión lleno de miedo y con algo de angustia. Es que mi hermana está de cumpleaños el 19 y yo me fui el 15 de abril.
Así me embarqué prácticamente sin conocer a nadie, aunque me hice amigo de Cucho, William, Jaime y Jorge quienes fueron mis compañeros de viaje.
Olores, sabores y ciudades distintas y lejanas se vienen a mi mente en este momento, pero lejos lo que más me impresionó fue recorrer los lugares en los que se formó la obra marista.
Ver todo eso me hizo guardar en mi corazón algo muy preciado: mi vocación por convertirme en hermano marista.
Quienes me conocen saben esta historia y saben que un hermano marista, de quien nunca he podido recordar su nombre, me dijo que rezara no para incrementar mi vocación, sino para que Dios me llevara a donde yo le fuera más útil. Aquí estoy ocho años después convertido en periodista.
Debo reconocer que no me arrepiento, que como periodista he servido a Dios y a la vez me desarrollado personal y profesionalmente.
Sin duda la imagen que más tengo en mi mente es la de Juan Pablo II pasando a escasos metros de mí. Sólo atiné a llorar y a apretar el obturador de mi cámara fotográfica, para tomarle una foto.
San Marcelino, Dios te concedió la gracia de seguir caminos de sencillez evangélica y de guiar a la juventud "a Jesús por medio de María".Concede a los padres y educadores amor auténtico y gran apertura hacia los jóvenes de lo de los que deben responder.
Concede a los jóvenes abrirse a los verdaderos valores humanos y sobre naturales.
Congréganos a todos en torno a María, la Buena Madre, para que con ella encontremos a Jesús como lo enseñaste con tu vida: "sin María nada somos, con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorado Hijo entre sus brazos o en su corazón" Amén
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